En esta
nueva entrada os queremos reflejar algunas de las anécdotas que hemos vivido en
nuestra etapa docente, resaltando aspectos relacionados con la diversidad y las
emociones en el aula.
Comienza el
curso y el número de alumnos en 5 años incrementa con uno más, en
concreto, R.D.K. Este alumno pasa por un proceso de adopción
de unos padres con grandes deseos por tenerlo entre ellos, sin embargo, las
condiciones sociales no le favorecen dicho procedimiento. Su inicio en el aula
resulta un poco difícil para él principalmente por su lenguaje natal siendo
éste el ruso y, por tanto, el desconocimiento de un nuevo idioma. No obstante,
desde el equipo docente se le ofrecen numerosos recursos para favorecer esta
adaptación tanto dentro del centro como a nivel social entre sus compañeros.
Progresivamente,
el grupo de iguales va beneficiando su acomodación y sus respuestas emocionales
van cambiando positivamente con respecto a un primer momento, caracterizadas
por miedo, timidez, desconfianza, entre otras.
Para regular
y mejorar estas emociones dentro del aula se trabajan, desde un primer momento,
diversas dinámicas con el grupo completo favoreciendo la vinculación entre
todos ellos y fomentando la complicidad, confianza, alegría, disfrute del día a
día en este nuevo entorno para dicho alumno.
D.E.R. es una alumna de 5 años a la que le costaba
hacer amigos con facilidad.
Un día en clase se pidió a los alumnos que con la ayuda de los padres
aprendiesen una canción que días después saldrían a cantar en clase.
Justo cuando D. iba a empezar a cantar sus compañeros de primera fila le
llamaron gorda, se rieron y con ellos el resto de la clase. Además, llevaba
gafas y unos zapatos ortopédicos que le servían para corregir la pisada.
La niña lloraba y se sentía triste al escuchar esos comentarios
ocasionales, incluso en la fila la empujaban y obligaban a ponerse al final, y
cuando llegaba a casa y se lo contaba a sus padres les decían que eso eran
“cosas de niños”, que era que no tenía que hacerles caso.
Si esto no se paraba a tiempo la infancia de D. iba a estar afectada,
incluso en la adolescencia o en la edad adulta. Porque D. presentaba una baja
autoestima que hacía que se mostrara insegura, solitaria.
Desde el centro se habló con los padres de la niña y por separado con los
padres de los demás alumnos. No se puede permitir que en los colegios ni en
ningún sitio se den estos casos.
A.L.G es un alumno de 10 años con Síndrome de
Down que presenta una vida emocional muy intensa, al igual que el resto de sus
compañeros de 4º curso de Educación Primaria a diario interacciona con sus
emociones: alegría, tristeza, ira, miedo, aversión, sorpresa, entre
otras.
El suele manifestarse
bastante sensible con su entorno afectivo, principalmente con sus familiares,
aunque a menudo muestra dificultades para expresar de forma verbal sus
emociones, pero esto no significa que no las sienta, ya que él las exterioriza
a través de un lenguaje no verbal.
La relación que existe
entre el alumno y sus compañeros, es bastante positiva, ya que el docente que
interviene en esta aula, ha realizado un gran trabajo con sus chicos, haciendo
que estos alcancen su bienestar emocional, favoreciendo la independencia y
facilitándoles un mayor grado de autonomía. Es decir, fomentando no solo el
conocimiento, sino el control de sus propias emociones, para garantizar en
nuestros alumnos como A.L.G. el entrenamiento de habilidades sociales y
reconocimiento de emociones ajenas partiendo de una intervención de carácter
integral e integrador.
¡Hola chicas!
ResponderEliminarEnhorabuena por la originalidad del blog.
Sin embargo, esta entrada es la que más me ha gustado. Ha permitido que me ponga en vuestras pieles cuando habéis estado como docentes, conociendo a varios de vuestros alumnos, que expresan sus emociones de manera tan distinta.
Me parece un gran tema, el emocional. Seguid en esta línea, es muy interesante. ¡Un saludo!